Cuando nos han hecho creer que Dios es un ser justo y de infinita bondad y vemos la injusticia y maldad que reina en el mundo, es lógico un cuestionamiento.
Una persona que no ha tenido suerte en la vida, que ha sido un desgraciado carente de la gracia que Dios le ha dado a otros, para lograr sus objetivos casi sin esfuerzo y así llegar a ser felíz, mientras él no ha recibido nada bueno a cambio de su esfuerzo, puede enojarse con Dios?
La respuesta es sí y no solamente puede sino que tiene derecho y hasta la obligación de enojarse con Dios.
Es una reacción lógica, y justa, qué un Dios justo la valoraría como una reacción noble.
Por el contrario, sumirse en esa situación es no valorar lo bueno merecido. y despreciar totalmente una condicion básicas de todo ser humano qué es justicia.
Pero la religión nos enseña mal, y es contradictoria con la propuesta de un Dios justo. Nos obliga a ser sumisos y aceptar lo que Dios manda con la excusa de que todo mal puede haber ocurrido, para evitar un mal mayor.
Esa excusa no convierte a Dios en justo y bueno, ya que el mal y la injusticia han caído sobre la persona que no lo merecía.
Paradójicamente el odio a Dios es justo, es un sentimiento de rebeldía ante un hecho injusto e inmerecido.
El odio a Dios en la adversidad, es tan genuino cómo el amor a Dios en la complacencia.
El Dios real, a diferencia del Dios que presenta la religión, bien puede despreciar la sumisión de los hipócritas, y valorar el acto de rebeldía a una injusticia, ya que es el mismo Dios quien generó el acto de injusticia y la rebeldía de quién la ha padecido.
En verdad es el mismo Dios quien se premia y castiga, pero es el hombre el que siente el placer o el dolor.
Con este nuevo conocimiento ya sabemos que el odio a Dios, como el amor a Dios, no tienen otro destino que nuestro sentimiento, ya que somos quienes semtimos. Para Dios es solamente un juego.
Todo lo que vivimos y sentimos obedece al programa del universo, la suerte lo es todo. El destino está marcado.
Nadie quiere un mala vida, todos queremos lo mejor, pero por más que esfuerzo y pretenciones que se tengan para lograrlo, no todos llegan, sino el que tiene la suerte de llegar, simplemente porque estaba en su destino, y no como consecuenvia de sus actos, buenos o malos, lógicos o ilógicos.
Se puede planificar un proyecto casi a la perfección, pero un imprevisto puede arruinar el resultado final. Eso es la suerte, el destino, y la consecuencia de un universo programado.
